CÓRDOBA (4º PARTE)
Hola, de nuevo.
Comenzamos con la cuarta parte del reportaje de Córdoba.
En este reportaje hablaré sobre la ruta de las Iglesias Fernandinas con motivo de la reconquista de Córdoba por Fernando III el Santo en 1236.
Fernando III el Santo llevó a cabo la unión definitiva de Castilla y León y, aprovechando la debilidad de los musulmanes andalusíes, protagonizó la más ambiciosa campaña militar de todo el proceso reconquistador sometiendo el valle del Guadalquivir, hecho que habría de convertir al reino castellano en la incuestionable potencia hegemónica.
Podéis echarle un vistazo en la primera parte del reportaje hablando sobre su casco histórico.
La ruta de las Iglesias Fernandinas consiste en la puesta en valor de 14 Iglesias que Fernando III el Santo mandó construir entre mediados del siglo XIII y a principios del siglo XIV en diferentes zonas de la ciudad, motivo por el que se conoce Iglesias Fernandinas.
La relevancia de estos templos cristianos no sólo reside en la singularidad de su arquitectura medieval sino también en función como núcleos de repoblación de la trama urbana, a través de la organización en collaciones. A ellos se suma la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Puerta Nueva, que custodia un ejemplo significativo de la pintura barroca de Juan de Valdés Leal y el templo mayor de la ciudad, que ejerce este punto de referencia de este legado patrimonial que atesora Córdoba.
Nos encontramos ante edificios vivos, que mantienen su función litúrgica y que han sabido recoger las aportaciones plásticas de todas las épocas, hasta convertirse en los monumentos singulares y únicos.
Tras la conquista de la ciudad por Fernando III el Santo en 1236 y la consagración de la mezquita en catedral, se fundaron 14 parroquias además de diversos conventos, cuya construcción se realizó entre finales del siglo XIII y principios del XIV. Llamadas también fernandinas, estas iglesias muestran elementos del románico y el gótico con aportaciones mudéjares en su traza arquitectónica, aunque posteriormente en muchas de ellas se incorporaron revestimientos de estilo barroco.
La primera de las Iglesias es la Iglesia de la Magdalena.
Es la que ofrece carácter más arcaico, dentro de la transición románico-ojival. Cubierta a finales del siglo XVIII de yesos y moldurones barrocos y bóvedas de caña, que ocultaron casi por completo su estilo primitivo, conserva, como todas las de su tiempo, el estilo basilical orientado a Levante y para de tres naves terminadas en ábside, con bóvedas y nervaduras.
La forma primitiva de La Magdalena se observa bien por el exterior, donde se nota los ábsides poligonales y especialmente sus tres portadas, muy interesantes, abocinadas, de arco apuntado y apoyadas sobre capiteles de decoración románica. La puerta principal que estaba tapada se descubrió en 1928. La torre de campanas fue mandada a construir, en el siglo XVIII, por el obispo don Antonio Caballero y Góngora. Actualmente y tras un incendio ocurrido en 1990 se ha convertido en salón de actos.
Su estilo artístico es el propio de la época en esta ciudad: estilo en el que se pone de manifiesto el influjo puramente castellano traído por los conquistadores, pero en el que es estilo tardo-románico que por entonces se trabajaba en Castilla, es sustituido por el mudéjar, combinado con elementos góticos. La portada de la Epístola es la más antigua de las iglesias de la ciudad.
Desde hace años la Iglesia de la Magdalena no es objeto de culto habiendo sido desacralizada.
El 17 de marzo de 1982 es declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de monumento.
Actualmente es lugar de celebración de exposiciones fundamentalmente patrocinadas por parte de la Obra Social y Cultural de Cajasur.
La segunda de las Iglesias fernandinas es la Iglesia de Santa Marina.
La Iglesia de Santa Marina, cuya advocación completa es Santa Marina de Aguas Santas, es un templo católico en la ciudad de Córdoba. Se trata de una de las iglesias fernandinas, es decir, aquellas mandadas edificar por el rey Fernando III de Castilla, llamado el Santo, tras la conquista de la ciudad a los hispano-musulmanes en el siglo XIII. Su arquitectura combina fórmulas y elementos proto góticos, mudéjares y, en menor medida, tardo-románicos. Se encuentra la hermandad del Resucitado.
La iglesia, entre las más antiguas de las del grupo fernandino, fue edificada en la segunda mitad del siglo XIII en el lugar donde primero se emplazó un templo visigodo del siglo VII y posteriormente, aunque este dato es solo probable, una mezquita mozárabe, de los que no queda el menor vestigio. En el medievo lindaba con la muralla que separaba la Ajerquía de la Villa, así como con la desaparecida Puerta del Colodro. Hoy en día, da nombre a uno de los barrios de más solera de la ciudad, conocido popularmente como barrio de los toreros por su tradición. Frente a la fachada principal se extiende la homónima plaza de Santa Marina, presidida por el Monumento a Manolete.
El 23 de junio de 1880 el templo sufrió un incendio que le afectó considerablemente y que reclamó una reconstrucción de dos años de duración. El 17 de julio de 1882 el culto fue restablecido. En los siglos XIX y XX - la última vez en 1998 - se acometieron varias restauraciones destinadas a recuperar el aspecto medieval de la fábrica, disimulado por las reformas de aires barrocos realizadas para reparar los daños sufridos en sendos terremotos, el de 1680 y el de 1755.
Es considerado Bien de Interés Cultural (BIC), es Monumento Histórico-Artístico desde 1931.
Su construcción se inició en los últimos decenios del siglo XIII y se prolongó durante el siglo XIV. Reúne los estilos tardo-románico, gótico y mudéjar, aunque también posee elementos de siglos posteriores, como la torre renacentista y el sagrario, reformado a lo largo del siglo XVIII. Interesante es su rosetón, así como la portada lateral izquierda, única por sus características en Córdoba.
El edificio, con cierto aire de fortaleza, distribuye su interior en tres naves de estilo barroco. Cabe destacar la capilla bautismal mudéjar del siglo XV y la capilla funeraria de los Orozco.
El monumento a Manolete es un conjunto escultórico dedicado a Manolete, uno de los grandes toreros de la historia de la tauromaquia en España en la década de 1940, que se encuentra en la plaza del Conde de Priego de la ciudad de Córdoba.
Este monumento, obra del escultor, Manuel Álvarez Laviada, fue inaugurado en mayo de 1956.
El 8 de mayo de 1948, por iniciativa del concejal del Ayuntamiento de Córdoba, Francisco Cabrera, el entonces alcalde de la ciudad Rafael Salinas descubrió un busto en la plaza de la Lagunilla donde vivió durante muchos años el torero. Para ello se compró el busto que el escultor Juan de Ávalos había realizado de Manolete en bronce, réplica del original de mármol.
Sin embargo, el sentir del pueblo cordobés era la erección de un monumento al torero, para lo que se abrió una suscripción pública para costear el mismo. Como esta no dio sus frutos, el Ayuntamiento propició la celebración de una corrida de toros que pudiera recaudar fondos para el citado monumento. Liderados por el torero mexicano Carlos Arruza y con toros cedidos por diferentes ganaderías, el 21 de octubre de 1951 se celebró en la plaza de toros de Los Tejares con la participación del cordobés José María Martorell, Manuel Capetillo, Gitanillo de Triana, Agustín Parra, Jorge Medina, Manuel Calero, Julio Aparicio, Anselmo Liceaga y Rafaelito Lagartijo. Obtuvo una recaudación de 800.000 pesetas.
El Ayuntamiento convocó un concurso de proyectos que fueron expuestos en la Sala de Arte Municipal, en la que también participó la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando como jurado. El emplazamiento elegido fue el de la plaza del Conde de Priego en el barrio de Santa Marina.
Otra de las Iglesias Fernandinas, ubicada en la Calle Capitulares, se encuentra la Iglesia de San Pablo.
La iglesia de San Pablo es un templo católico embarcado dentro de las iglesias fernandinas de la ciudad de Córdoba. La actual iglesia y el ya desaparecido convento de San Pablo están construidos sobre un espacio que albergó siempre grandes edificaciones por su privilegiada situación, ante la puerta de Hierro de la ciudad y junto una de sus principales vías de acceso.
Primero fue el circo romano cordobés, luego, los musulmanes construyeron un palacio almohade y finalmente los cristianos un convento de los domínicos.
La iglesia tiene una portada en la calle Capitulares, de estilo barroco y neomudéjar, con columnas salomónicas y una hornacina con la imagen de San Pablo; obra realizada en mármol en 1706, por los canteros lucentinos Andrés del Pino y Bartolomé de Rojas, por la que se accede a un pequeño compás en cuyo frente se encuentra la Iglesia propiamente dicha, cuya fachada principal tiene una portada adosada de estilo manierista del siglo XVI, de estética próxima a Juan de Ochoa y rosetón, añadido en la restauración del siglo XX. La portada presenta dos cuerpos; el inferior es de medio punto entre dobles pilastras, con nichos para esculturas; remata en frontón partido con figuras recostadas de la Santa Fe y la Esperanza por encima el escudo de la orden. El cuerpo superior muestra la imagen de Santo Domingo y encima un tondo con la Caridad.
El interior lo constituyen tres naves divididas por pilares que se cubren con artesonados mudéjares de lacería. La cabecera la forman tres ábsides, los laterales circulares en el interior y rectangulares en el exterior, con bóveda de cuarto de esfera, y el central de planta pentagonal y bóveda de crucería.
En la nave del Evangelio existe una puerta de acceso de arco ojival abocinado, con capiteles califales añadidos en la última intervención, que comunica con la calle San Pablo. En la nave de la Epístola, una antigua puerta de estilo gótico-mudéjar hace hoy función de portada de una capilla. Entre las capillas conservadas destaca la de la Virgen del Rosario, construida en el siglo XV como capilla funeraria de Martín López de Córdoba, bajo la dirección del alarife Pedro López II, y reformada en 1758, añadiendo retablo de mármoles y el edificio del camarín de la Virgen, siendo un excelente ejemplo del barroco cordobés. A la nave derecha abren dos capillas. La primera tiene planta poligonal y se cubre con una bóveda neogótica apeada en capiteles ménsulas. Se construyó en la reforma del XX y se entra a ella por un arco apuntado de mediados del siglo XIV, que corresponde a la primitiva puerta lateral. A los pies de la nave se halla una imagen de vestir del beato Francisco de Posadas, obra anónima de taller local de hacia 1800. A su lado se encuentra la segunda capilla, de la que se sirve la cofradía de la Expiración. Es una interesante construcción, rehecha en gran parte a comienzos del siglo XX por Adolfo Castiñeyra y Mateo Inurria. En ella se veneran las imágenes del Cristo de la Expiración, fechada hacia 1612, de estética granadina muy próximas a las obras de Alonso de Mena, que ha sufrido frecuentes intervenciones, la última y más correcta debida al restaurador José Rodríguez Rivero-Carreras en 1985.
Otra de las Iglesias Fernandinas ubicada en la Calle Compás de San Francisco, es la Iglesia de San Francisco y San Eulogio de la Axerquía.
La iglesia de San Francisco y San Eulogio es un templo católico de Córdoba. Pertenece a las denominadas iglesias fernandinas, ya que fue fundado por el rey castellano Fernando III en el siglo XIII. Su nombre original fue el de convento de San Pedro el Real y fue gestionado por la Orden Fransciscana, de ahí su denominación actual.
El templo fue declarado Bien de Interés Cultural en categoría de Monumento el 24 de marzo de 1982.
El rey Fernando III de Castilla conquistó la ciudad de Córdoba para los ejércitos cristianos el 29 de junio de 1236, día de San Pedro y San Pablo. Por este motivo, el rey fundó el convento de San Pablo, para los domínicos; y el de San Pedro, para los franciscanos, por lo que su nombre derivó de convento de San Pedro el Real hasta el actual iglesia de San Francisco. La amplia reforma que sufrió la iglesia en el siglo XVIII modificó su fisonomía medieval por otra barroca, poseyendo una importante colección de pinturas de artistas cordobeses del siglo XVIII. Se sabe que es durante este siglo cuando mayor número de feligreses residían en el templo, superando el centenar de frailes.
El convento perteneció a esta congregación hasta las desamortizaciones españolas del siglo XIX, en las que pasó a ser una fábrica de tejidos. El claustro se derribó parcialmente, siendo sus materiales reutilizados para la construcción del Hotel Suizo en la actual plaza de las Tendillas y los mármoles para una casa solariega en Écija. A pesar de este hecho, la iglesia sigue funcionando según el rito católico.
En la Calle San Fernando, se encuentra la ermita de la Aurora, un antiguo templo católico, actualmente en ruinas, se conserva la estructura de la ciudad de Córdoba.
La antigua ermita se construyó adosada a la antigua muralla romana cordobesa por un grupo de jóvenes que se reunían en la ermita de Santa Lucía y querían construir una nueva hermandad independiente. El 8 de septiembre de 1716 se constituyó esta nueva congregación bajo la advocación de la Virgen de la Aurora. Encontraron un salor en la calle de la Feria, actual calle San Fernando, donde unos propietarios donaron el espacio en 1718 para la construcción de la ermita a cambio de una tribuna particular. Los jóvenes organizaron todo tipo de eventos para la financiación de la ermita, como una corrida de toros junto a la iglesia de la Magdalena donde consiguieron 5.000 reales.
Siete años transcurrieron hasta lograr la totalidad del dinero y el 1 de abril de 1725 concluyó la construcción con un presupuesto total de casi 36.000 reales. Se produjo una gran procesión inaugural con la imagen titular, Marcelino Siuri no quiso bendecir el templo, ya que pensaba los jóvenes no podrían mantenerlo, pero finalmente tras pensiones recibió la bendición el 10 de septiembre del mismo año. Desde su construcción, ha albergado el típico rezo del rosario de la Aurora y la antigua Hermandad de Nuestra Señora de la Aurora.
La ermita cayó en abandono y el párroco de la cercana iglesia de San Francisco, Carlos Romero, realizó grandes esfuerzos durante las décadas de 1920 y 1930 para su recuperación; no obstante, su fallecimiento en 1945 sumió a la ermita en una ruina definitiva. La mayoría de su patrimonio se trasladó al templo de San Francisco. El 20 de febrero de 1960, tras varios años en estado ruinoso, sufrió un gran derrumbe y su abandono continuó en las siguientes décadas.
No fue hasta 1998, cuando fue adquirida para el Ayuntamiento de Córdoba por el alcalde Rafael Merino, cuando VIMCORSA, Empresa Municipal de Viviendas, rehabilitó el solar conservando la fachada original de la ermita. Además, el pinto José María Báez realizó unas pinturas murales con versos del poeta Pablo García Baena. En las últimas décadas la asociación de vecinos La Axerquía se ha dedicado a realizar eventos como mercadillos de segunda mano y cines de verano.
En la Calle Concepción, se encuentra otro templo católico, constituye como una de las iglesias fernandinas. Se trata de la iglesia de San Nicolás de la Villa.
La iglesia de San Nicolás de la Villa, situado en la ciudad de Córdoba, y su fundación se remonta al siglo XIII. No obstante, con el paso de los siglos se ha dejado de sentir en el inmueble por la adición de nuevos elementos o la transformación de los existentes, perviviendo en su fábrica diferentes estilos.
Se conserva la primitiva estructura del gótico-mudéjar con planta casi cuadrada, de tres naves sin crucero. La portada principal, obra de Hernán Ruiz II, fue constituida en el siglo XVI bajo los postulados renacentista y manierista. La torre es de una fuente impronta militar, comenzándose su edificación en época de los Reyes Católicos, sobre los restos de un anterior alminar islámico.
En los siglos XVII y XVIII, el templo sufrió importantes transformaciones arquitectónicas en la torre, portadas, cubiertas de las dos naves laterales, así como otras edificaciones que le han dado una configuración barroca al conjunto construido. En esta iglesia se encuentra la Hermandad de La Sentencia. Fue declarada como Bien de Interés Cultural el 3 de noviembre de 2003.
La iglesia parroquial de San Nicolás de la Villa se configura como un conjunto arquitectónico en cuya fábrica perviven diferentes estilos artísticos, fruto de las distintas etapas constructivas llevadas a cabo a lo largo del tiempo.
El templo es de tres naves con cabeceras rectangulares y planas. La nave central más profunda, alta y ancha que las laterales, está cubierta con armadura de madera, con tirantes de forja, compuesta bajo los postulados manierista inspirada en modelos de Serlio. Consta de una trama de grandes octógonos enlazados con cuadrados menores, todos ellos decorados con motivos policromados.
El templo está construido con sillares de piedra a soga y tizón. Destacan en su exterior dos fachadas ubicadas en los frentes norte y sur. La portada de la fachada sur es la más antigua de la iglesia y da acceso a la nave de la Epístola. Consta de un vano apuntado y abocinado, compuesto de diez toros rematado con línea de puntas de diamante. El conjunto arranca de un sencillo bocel sustentado por columnillas con capiteles decorados con hojas cuadrifolias. Está precedida por un pórtico construido en el siglo XV, cuyos frentes presentan vanos de medio punto inscritos en alfiz, sobre fustes y capiteles de acarreo. Actualmente el pórtico se encuentra cerrado por una cancela de forja con montante en abanico.
La portada principal, situada al norte, es obra del siglo XVI realizada por Hernán Ruiz II. Se compone de un alzado de dos cuerpos; el primero se estructura mediante un vano de medio punto sobre jambas de pilastras cajeadas, flanqueado por columnas de fuste estriado, sobre plinto y capitel corintio, en los que descansa un entablamento terminado en sus laterales con pináculos. El segundo cuerpo muestra una hornacina central, avenerada, en cuyo interior alberga al santo titular, flanqueada por pilastras y entablamiento superior coronado con frontón triangular.
En cuanto al campanario, la torre forma parte de la fachada y está situada a la derecha de la portada. Fue construida sobre los restos de un antiguo alminar islámico, en el siglo XV, finalizando las obras en 1496, y es atribuida a Gonzalo Rodríguez. Su fábrica de fuerte impronta militar es de piedra y presenta un alzado de dos cuerpos de desigual desarrollo coronados por un pequeño remate para las campanas. El primer cuerpo es cuadrangular y en uno de sus frentes presenta una lápida conmemorativa en la que se indica la fecha de su construcción. El segundo es de planta poligonal.
Esta torre fue replicada por el arquitecto Carlos Sáenz de Santamaría para la Exposición Iberoamericana de Sevilla en 1929, conservándose en la actualidad en la avenida de Reina Mercedes.
Espero que os haya gustado este reportaje. Nos vemos en el próximo blog.
En el último reportaje hablaré sobre el Palacio de Viana.











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