viernes, 26 de julio de 2024

CÓRDOBA 5º PARTE Y ÚLTIMA

 CÓRDOBA (5º PARTE Y ÚLTIMA)

Hola a todos.

Este es el quinto y último reportaje de Córdoba.

En este reportaje hablaré sobre un Bien de Interés Cultural ubicado en el centro de Córdoba. Hablaré sobre el Palacio de Viana ubicado en la Plaza de Don Gome.

El Palacio de Viana es un palacio-museo de la ciudad de Córdoba, situado en el barrio de Santa Marina. El 27 de marzo de 1981 fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de monumento.

El palacio fue construido en el siglo XV y se ha ido ampliando con el paso de los siglos. Su denominación proviene del marquesado de Viana, última familia propietaria del inmueble. En 1981, tras ser adquirida por la Fundación CajaSur, se abre por primera vez al público con sus doce patios, el jardín y el interior del palacio, lo que harían unos 6.500 metros cuadrados.

En 2019 recibió más de 193.000 visitantes, siendo uno de los espacios más culturales de Córdoba.




Este palacio-museo, declarado Monumento Histórico Nacional y Jardín Artístico, corresponde a una superficie de 6.500 m2. Fue una mansión señorial que perteneció a diversas familias y que, con el tiempo, se fue ampliando con casas colindantes. Su construcción es, en general, austera y en él pueden apreciarse distintos estilos arquitectónicos, desde el siglo XIV hasta la actualidad. La portada principal, en la plaza de Don Gome, se atribuye a Juan de Ochoa y data del siglo XVI, al igual que la escalera principal, de magnifica factura. Su amplío jardín y sus doce patios, todos de exquisita belleza, justifican por si sólo la visita.

Sus salas, que evocan el ambiente de la época, exhiben múltiples obras de arte: tapices, pinturas, joyas, vajillas de porcelana, muebles, alfombras, instrumentos de música... El palacio de Viana posee, además, una completa colección de guadamecíes y cordobanes, y una extensa biblioteca, muy rica en libros de caza.








Aunque por fuera parezca austerio, por sus sencillos muros blancos, el interior del Palacio de Viana alberga la casa señorial más importante y mejor conservada de Córdoba, y una de las principales de España.

Abierto como monumento al público desde hace más de 40 años, bajo la gestión de la Fundación CajaSur, Viana aglutina en un solo lugar la mayor concentración de patios de la ciudad y una casa-palacio llena de muebles, obras de arte, patrimonio e historia, reunidos por sus 18 propietarios a lo largo de cinco siglos de historia.

El Palacio de Viana no es un museo ni su distribución responde a los criterios de organización de este tipo de espacios. Tampoco muestra reproducciones ni se ha creado partiendo de cero, para aprovechar el reclamo de los patios cordobeses.

Al contrario; se trata de una casa auténtica y vivida, en la que los objetos heredados se exhíben en su entorno y contexto. Una casa que refleja la personalidad y los gustos de las familias que la habitaron entre 1425 y 1980. Que ofrece un recorrido histórico y sensorial por los patios cordobeses, un salir del edificio. Y es que nos permite atisbar cómo era la vida privada de la aristocracia cercana a los círculos de poder. Tuvo 18 propietarios que fueron ampliando y transformando un grupo de casas de la Baja Edad Media en el magnífico conjunto histórico y paisajístico.

El Palacio de Viana de Córdoba fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1981 y dos años después, en 1983, Jardín Histórico-Artístico.

Viana es un palacio aristocrático. Las familias que lo habitaban pertenecían a la nobleza señorial, próxima a los círculos de poder, y conservaban cierto lujo exterior en comparación con el resto de su clase, que estaba en retroceso frente al empuje de la burguesía adinerada.




En cuanto a su trayectoria (siglos XV-XX), entre 1425 y 1980:

  • 1425: Ruy Fernández, señor de Fuentecubierta. En junio de 1425 compró por 750 doblas de oro un conjunto de casas bajomedievales que se correspondían con el actual Patio del Recibo, parte del Patio del Archivo y el Patio de los Naranjos, donde estaba la entrada principal, y que componen el cuerpo principal del palacio.
  • 1492: Gómez Suárez de Figueroa. Considerado el primer propietario del Palacio de Viana. En junio de 1492 fundó mayorazgo: institución que le permitiría mantener un conjunto de bienes vinculados entre sí. Además de incluir el conjunto de casas que heredó su padre, fue anexionando otras casas colindantes para conseguir una vivienda de mayores dimensiones. En 1500 compró las viviendas que forman la esquina del palacio del actual Plaza de Don Gome.
  • 1562: Gómez de Figueroa y Córdoba, I señor de Villaseca. Gómez Suárez de Figueroa murió sin descendencia y le sucedió a su sobrino, Bernardino de Figueroa y Córdoba. El hijo de éste, Gómez de Figueroa y Córdoba, I señor de Villaseca y tercer propietario del Palacio de Viana, amplió la propiedad en 1545 comprando las casas de la Puentezuela de Tres Caños, donde se ubica el Patio de los Gatos y destinadas al alquiler. Pero lo hizo a nombre de su esposa y las perdió en 1561 en un pleito judicial.
  • 1609: Luis Gómez de Figueroa y Córdoba, II señor de Villaseca. Realizó la primera transformación importante de las casas de mayorazgo, construyendo el actual Patio de Recibo y la portada principal. Este cambio responde al deseo de contar con una entrada amplia y un acceso a las caballerizas. Pero también de mostrar el aumento del estatus social, adquirido al casarse con María de Guzmán y Argote, perteneciente a una de las familias más importantes de Córdoba.

  • 1624: Gómez de Figueroa y Córdoba, III señor de Villaseca (1588-1636). En 1624 las Rejas de Don Gómez, una espléndida fachada en el Patio de las Rejas cuya función era comunicar la vivienda con el exterior y mostrar la nueva posición de la familia.

  • 1630: Luis Gómez Bernardo Fernández de Córdoba y Figueroa, IV señor de Villaseca (1630-1692). Incorporó de nuevo al palacio las casas de la Puentezuela de Tres Caños, en actual Patio de los Gatos.

  • 1647: Gómez Fernández de Córdoba, I marqués de Villaseca (1647-1704). Fue nombrado primer marqués de Villaseca por el rey Felipe V. Murió sin descendencia y le sucedió a su sobrino.

  • 1670:  Alonso Fernández de Mesa y Argote, II marqués de Villaseca (1670-1711). Al II Marqués de Villaseca le sucedió a su hijo, Diego Fernández de Mesa y Argote y Fernández de Córdoba, III marqués de Villaseca y que murió sin descendencia. Le sucedieron sus hermanos; Luis Fernández de Mesa y Argote, IV marqués de Villaseca y Deán de la Catedral de Córdoba, que renunció a la herencia, y Pedro Fernández de Mesa y Argote (1706-1738), V marqués de Villaseca.

  • 1737: Ana Rafaela Fernández de Mesa y Argote, VI marquesa de Villaseca (1737-1788). Hija de Pedro Fernández de Mesa y Argote, V marqués de Villaseca y decimoprimera propietaria del Palacio de Viana, afrontó las reformas que este sufrió en el siglo XVIII. Con ella se crearon las dependencias para albergar el Archivo Histórico de Viana, auténtica joya de la documentación nobiliaria de España. También se remodeló el Patio de la Madama y se construyó el Patio del Archivo. Ana Rafaela se casó con Fernando Cabrera Gómez de Cárdenas y de la Cerda, conde de Villanueva de Cárdenas; un matrimonio que unió el marquesado y el condado y sus respectivos títulos y propiedades, que heredó su hijo.

  • 1767: Diego Rafael Cabrera y Fernández de Mesa, VII marqués de Villaseca y conde de Villanueva de Cárdenas (1767-1816). Duplicó la extensión del palacio al incorporar al palacio de Viana en 1814 las casas colindantes de los condes de Torres Cabrera, tras permutar con ellos un cortijo. Esta extensión incorporó los solares y espacios que hoy ocupaban el jardín y los Patios de la Alberca, del Pozo, de los Jardineros, de la Capilla y de la Cancela. Le sucedió a su hijo, Fernando Rafael Cabrera y Pérez de Saavedra.

  • 1830: Juan Bautista Cabrera y Bernuy, IX marqués de Villaseca (1830-1871). El IX marqués de Villaseca murió sin descendencia y nombró heredera universal a su esposa: la mujer que abrió la puerta de la entrada a los Viana y dio un giro al palacio.

  • 1875: Marquesado de Viana. En 1875 marca un antes y un después en la historia del Palacio de Viana, al ser el año en el que Teobaldo de Saavedra y Cueto recibió el título de marqués de Viana. Teobaldo se convertiría en el segundo marido de la marquesa viuda de Villaseca, María del Carmen Pérez de Barradas y Bernuy, I marquesa de Viana. La marquesa viuda del último Cabrera se casó en segundas nupcias con Teobaldo de Saavedra, I marqués de Viana e hijo del Duque de Rivas, el famoso escritor cordobés. Como había sucedido con su primer marido, María del Carmen tampoco tuvo descendencia con el segundo y fue el segundo del marqués el que inauguró y marcó la nueva etapa del palacio.

  • 1901: José Saavedra y Salamanca, II marqués de Viana (1820-1927). El II marqués de Viana fue uno de los hombres más influyentes en la corte del rey Alfonso XIII, del que fue amigo personal. Militar y experto en temas agrícolas, en 1918 empezó a madurar la idea de crear un espacio expositivo en el palacio, sin que interrumpiera la vida familiar. Para ello, adquirió importantes colecciones de azulejos, cueros o libros, que se pueden contemplar durante la visita al interior, y dirigió las obras para su exhibición. También arregló los patios, que adquirieron reconocimiento internacional.

  • 1902: Fausto Saavedra y Collado (1902-1980) y Sofía Amelia de Lancarter y Bleck (1904-1982), III marqueses de Viana. La muerte del segundo marqués de Viana a los 57 años fue todo un acontecimiento social. Le sucedió a su hijo, Fausto Saavedra y Collado, que murió sin descendencia y nombró heredera universal a su esposa, Sofía Amelia de Lancarter y Bleck, especialmente de los patios del servicio, a los que la marquesa dio un aspecto más señorial con objetos arqueológicos y decorativos. También trasladaron a Córdoba obras de arte y mobiliario de su palacio de Madrid, actual sede del Ministerio de Asuntos exteriores.

  • 1980: De 1980 a la actualidad, la III marquesa de Viana, Sofía Amelia de Lancarter y Bleck, llegó un acuerdo con la Caja Provincial de Córdoba (actual fundación Cajasur), que adquirió el palacio con sus obras de arte. Gracias a esta operación, el 31 de octubre de 1981 abrió sus puertas por primera vez al público que jamás había visto en su interior. Desde entonces, el Palacio de Viana no ha dejado de crecer: en 1983 se amplió la construcción del Patio de las Columnas, para albergar actos culturales e institucionales. En 2012 mejoró su musealización para facilitar que todos podamos disfrutar este Bien de Interés Cultural. Y en 2019 se abrieron al público el Patio de las Caballerizas. Actualmente, el Palacio de Viana está gestionado por la Fundación Cajasur, lo que se ha convertido en uno de los principales recursos turísticos y patrimoniales de Córdoba, y en un elemento de dinamización cultural de la ciudad.

FUENTE: PALACIO DE VIANA





En cuanto a los Patios, el patio cordobés, heredero de la tradición romana y árabe, tiene el Palacio de Viana su mayor representación. En un solo espacio, Viana ofrece un recorrido histórico y sensorial por cinco siglos de historia que empieza en el patio de vecinos de origen medieval y continúa por el jardín-huerto de origen musulmán, pasando por los patios renacentistas como símbolos de poder, la sobriedad del Barroco cordobés o el refinamiento del Romanticismo.

En total, el Palacio de Viana cuenta con doce patios y un jardín que lo convierten en uno de los mejores y más curiosos monumentos de Córdoba.

1. Patio del Recibo

2. Patio de los Gatos.

3. Patio de los Naranjos.

4. Patio de las Rejas.

5. Patio de la Madama.

6. Patio de las Columnas.

7. Patio del Jardín.

8. Patio de la Alberca.

9. Patio del Pozo.

10. Patio de los Jardineros.

11. Patio de la Capilla.

12. Patio del Archivo.


El primero de los patios es el Patio del Recibo.

El Patio del Recibo es el acceso principal al Palacio de Viana, y fue diseñado para deslumbrar al visitante y mostrar la nobleza del recinto y de los habitantes de la casa.

En su origen, este patio no tenía acceso al exterior, porque así lo prohibía una cláusula del contrato de compra-venta de la casa firmado en 1421. En el siglo XVI, Luis Gómez de Figueroa y Córdoba, cuarto propietario del palacio, decidió convertir la casa medieval que había heredado una mansión renacentista que reflejara su estatus, que había elevado al contraer matrimonio. Con esta finalidad, mandó construir el Patio de Recibo y abrir la portada en esquina, ya que era la única parte del palacio que daba a la calle.

El resultado es un espacio sobrio, que impresiona, pero sin estridencias. Tiene una planta trapezoidal que se adapta al solar original, rodeada por una galería porticada con 16 columnas toscanas y edificaciones de dos plantas. En el vértice de entrada falta una columna: una solución arquitectónica que permitía a los propietarios meter los carruajes a las caballerizas y mostrar parte del palacio a la vista pública.










El segundo de los patios, es el Patio de los Gatos.

De origen medieval y con un marcado carácter popular, acentuado por sus paredes blancas repletas de macetas, el Patio de los Gatos es el patio de los vecinos más antiguo de la ciudad.

En su origen, este patio pertenecía a las llamadas Casas de la Puentezuela de Tres Caños, destinadas a viviendas de alquiler: un tipo de bien inmueble que se alternaban los espacios privados con otros de uso compartido, como el patio, el lavadero o el pozo, que los vecinos se encargaban de cuidar y embellecer.

En 1545, el tercer propietario del palacio, Gómez de Figueroa y Córdoba, compró estas casas a nombre de su esposa y las mantuvo en alquiler e incomunicadas con la vivienda principal. A la muerte de ésta, su hija las reclamó en herencia y ganó el litigio en 1561. En 1647 el sexto propietario del palacio, Luis Gómez Bernardo Fernández de Córdoba, las adquirió de nuevo y continuó con el alquiler de las mismas.

Las casas no se integraron en el resto del palacio hasta el siglo XVIII como oficinas para los administradores. En 1573 se instalaron las cocinas en la estancia contigua y el Patio de los Gatos se convirtió en zona de servicio, adquiriendo su nombre por la cantidad de felinos que merodeaban por allí atraídos por los restos de comida.






El siguiente patio es el Patio de los Naranjos.

El aroma a azahar, el tintineo del agua, la penumbra y las plantas en flor convierten al Patio de los Naranjos en el lugar perfecto para pasar y dejarse llevar por los sentidos.

Este espacio recuerda a los jardines hispano-musulmanes, claves en la evolución histórica del patio cordobés. Estos estaban concedidos como lugares privados que invitaban a la contemplación, donde las plantas y el agua era los principales elementos. Además, en el mundo andalusí a la función estética de los jardines se unía su aprovechamiento agrícola gracias al uso de técnicas avanzadas para aclimatar especies, como sucede con los naranjos centenarios de este patio.

Otro elemento característico del Patio de los Naranjos son las fuentes. La primera es una alberca con azulejos cerámicos adornada con calas y otras plantas de primavera. Mientras que la segunda, de planta octogonal, suele estar cubierta de macetas con orejas de vaca y nenúfares.

El Patio de los Naranjos formaba parte del núcleo originario del Palacio de Viana en el siglo XV. De hecho, sirvió como acceso a la casa hasta la construcción del Patio de Recibo.



El cuarto patio del Palacio es el Patio de las Rejas.

¿Por qué se llama Patio de las Rejas? Porque nos encontramos en uno de los iconos del Palacio de Viana y de los patios de la ciudad de Córdoba donde se puede ver desde el exterior a través de tres rejas de forja que dan nombre al espacio y a la calle adyacente, llamada Rejas de Don Gomé.

Este patio se diseñó en el siglo XVII con Gómez de Figueroa y Córdoba como quinto propietario del palacio para satisfacer la necesidad de la nobleza renacentista de mostrar su prestigio y posición social.

De hecho, durante siglos el Patio de las Rejas fue el lugar perfecto para exhibir el poder de las familias que habitaron el palacio. Y se convirtió en un mirador privilegiado para contemplar eventos públicos, como el paso de la Virgen de las Angustias en la procesión del Jueves Santo.

Debido a su continua exposición, el Patio de las Rejas debía estar siempre vistoso. Por eso tiene una vegetación que no pierde la cobertura verde gracias a un manto vegetal de críticos en espaldera: naranjos, limoneros y bergamotas adaptados verticalmente a los muros. Alrededor de la fuente y sobre antiguos pilares hay macetas de centaurea: una de las plantas más clásicas de la flora de Viana.

En el siglo XVIII, la construcción del Patio del Archivo abrió un nuevo eje visual en el palacio y permitió comunicar las estancias interiores de la vivienda con la calle a través del Patio de las Rejas. La tradición andalusí de patio privado, que perduró durante siglos en Córdoba, comenzó a mezclarse así con otras influencias culturales y arquitectónicas.





El siguiente Patio es el Patio de la Madama.

El Patio de la Madama se construyó en el siglo XVIII, durante las reformas que realizaron en el palacio sus undécimos propietarios: Ana Rafaela Fernández de Mesa y su marido, Fernando Cabrera Gómez de Cárdenas.

Su nombre hace referencia a la náyade de la fuente central, que en la mitología griega era una ninfa de agua dulce. Las estatuas de divinidades en jardinería fueron muy utilizadas por los romanos: una tradición que retomó el Renacimiento y que volvió a ponerse de moda en el siglo XVIII.

La fuente de la Madama está enmarcada por un círculo de cipreses recortados en forma de corona real, que crea un rincón íntimo y recogido. Esta muestra de arquitectura vegetal, también de origen romano y principal seña de este pario, se incorporó a principios del siglo XX. El toque de color lo aportan los muros ajardinados con plantas trepadoras, como la buganvilla y el jazmín, que contrastan con el verdor perenne del anillo central.

La función del Patio de la Madama era recreativa y estética. Se trataba de un espacio privado diseñado para ser visto desde la casa. Es curioso comprobar cómo se alternan las funciones de los patios del Palacio de Viana: el de Recibo, creado para impresionar y ser contemplado desde el exterior; el Patio de los Naranjos, interior y cerrado; el Patio de las Rejas, concebido para exteriorizar el poder; y el de la Madama, para disfrutar desde el interior.





El sexto patio del Palacio es el Patio de las Columnas.

El Patio de las Columnas es el último que se incorporó al conjunto. Se construyó en los años 80 del siglo XX, con el monumento abierto al público, para dotar al Palacio de Viana de un espacio para eventos y actos públicos, como teatro, conciertos o presentaciones literarias. Y se ha convertido en uno de los principales escenarios de la programación cultural de la Fundación Cajasur y de la ciudad de Córdoba.

Destaca por su planta rectangular y por sus fuentes centrales, de las que parten dos albercas que dividen el patio en dos partes iguales. Su nombre proviene de las cuatro columnas del fondo, que sostienen un soportal adintelado sobre el que se asoma la torre de la Iglesia de San Agustín, y de las columnas de la galería porticada del lateral que le separa del jardín.

Para el suelo se optó por combinar ladrillo de barro con enchinado cordobés, siguiendo el ejemplo de otros patios del patio. Se trata de un tipo de pavimento heredado de los musulmanes, realizado con guijarros de dos colores.






El próximo patio es el patio de el jardín.

Este espacio se incorporó al palacio en el siglo XIX por deseo de Diego Rafael Cabrera Fernández de Mesa, decimo segundo propietario del palacio, que quería ampliar la vivienda y contar con un jardín siguiendo la moda de otros nobles de la época.

Para lograrlo, en 1814 llegó a un acuerdo con los condes de Torres Cabrera, dueños de varias casas colindantes, y se les permutó por un cortijo: una operación que permitió duplicar la extensión del Palacio de Viana.

Aunque se desconoce el periodo exacto de realización del jardín, la inspiración francesa en el diseño es evidente, siguiendo patrones muy utilizados durante el siglo XIX. El jardín de Viana está estructurado en un laberinto de pasillos y dieciséis parterres de boj con más de dos siglos de historia, que mantienen el verdor durante todo el año y en cuyo interior crecen rosales. En el centro destacan la fuente de piedra, adornada con macetas en flor, y el cenador grutesco circular.

El jardín también tiene elementos del patio andalusí, como el sistema de riego a pie, similar a una acequia, y el cultivo de críticos. Dos de sus muros están enjardinados con distintas variedades en espaldera, como el limonero, mandarino, naranjo y pomelo, que son los más antiguos del palacio.





El próximo patio tenemos el Patio de la Alberca.

Al igual que el Patio del Pozo y el Patio de los Jardineros, el Patio de la Alberca pertenecía a la casa de los condes Torres Cabrera, que fue anexionada al Palacio de Viana en el siglo XIX por su decimosegundo propietario, Diego Rafael Cabrera Fernández de Mesa.

En aquella época, estos tres patios eran parte de las dependencias de servicio, en las que se gestionaban los asuntos de las fincas y propiedades rurales. En la actualidad, este típico lugar de trabajo es el centro neurálgico del equipo de jardinería.

En este espacio llaman la atención dos construcciones: la alberca y el invernadero. La primera se trasladó a este patio desde el vecino Patio del Pazo en los años 80 del siglo pasado, cuando el monumento se abrió al público, para facilitar la circulación de los visitantes. En la actualidad sigue cumpliendo la misma función heredada de los musulmanes: solear, airear y oxigenar el agua del pozo antes de regar a pie, como se hace en Viana desde hace siglos.

Respecto al invernadero, se incorporó al palacio en 1960 por deseo de la tercera marquesa de Viana, Sofía Amelia de Lancaster y Bleck, que necesitan estar abrigadas en invierno.




El noveno patio es el Patio del Pozo.

Los elementos de este patio giran en torno a un sencillo pozo que toma el agua de un arroyo subterráneo. Su brocal hexagonal, encalado y rematado por un borde de ladrillos, contrata con el remate de forja negro y con el pavimento enchinado.

Sobre la boca del pozo hay cuatro cangilones de noria, que fueron encontrados dentro del mismo. De hecho, a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX este patio se llamaba Patio de la Noria debido a la presencia de este elemento, hoy desparecido. En este espacio también estaba la alberca, que se trasladó al patio vecino cuando se abrió a las visitas.

Otro punto de agua es la pila adosada al muro del palacio, con un mascarón de mármol gris en el que se lee: "Fuente de Doña Leonor", una de las hijas del segundo marqués de Viana.

Junto a la pila, un muro de hiedra tapiza las paredes del palacio, acompañado de helechos, calas, orejas de vaca y macetas que se van alternando según la estación. En este patio también se encuentra la mejor colección de buganvillas del palacio.

Como complemento a la ornamentación vegetal, el patio hay diversos objetos arqueológicos y decorativos. Estas piezas fueron incorporadas por los terceros marqueses de Viana, Fausto Saavedra y Collado y Sofía Amelia de Lancaster y Bleck, para ennoblecer este espacio.






El patio número diez es el Palacio de los Jardineros.

En el siglo XIX el Patio de los Jardineros completaba el cinturón de patos de servicio de un conjunto de casas propiedad de los condes de Torres Cabrera, colindantes al palacio, y en él se alojaba el personal de las fincas rústicas cuando venía a Córdoba.

Cuando estas casas se incorporan al Palacio de Viana en el siglo XIX, tras ser permutadas por una finca, este espacio se mantuvo como lugar de trabajo de los jardineros, que guardaban en él sus herramientas.

El principal foro de atención de este patio es el muro cubierto de celestina o jazmín azul: un auténtico jardín vertical, esplendoroso en verano. Mientras, el muro oportuno invita al descubrimiento de pequeños detalles que embellecen el conjunto. Las macetas de geranios, las esparragueras, cintas, hierba del elefante y centaurea se distribuyen de forma discreta por el espacio para no hacer sombra a la celestina.

En el Patio de los Jardineros también destacan los azulejos y antigüedades. El segundo marqués de Viana, a principios del siglo XX, y la tercera marquesa de Viana, que habitó el palacio hasta los años 80, fueron incorporando objetos arqueológicos y decorativos traídos de la finca de Moratalla y del Palacio de Viana de Madrid (actual sede del Ministerio de Asuntos Exteriores) para darle un aire más señorial a un patio de trabajo.





El patio número once es el Patio de la Capilla.

El Patio de la Capilla era el patio principal de las casas de los condes de Torres Cabrera, colindantes a Viana y que fueron anexionadas al palacio en el siglo XIX a cambio de una finca. De ahí la diferencia de estilo entre este patio y el de los Jardineros, Pozo y Alberca, que pertenecían también a la vivienda de los condes, pero estaban destinados al servicio.

Construido en el siglo XVII, cuenta con dos galerías porticadas, sencillas y armoniosas, en las que se colocaron diversos objetos arqueológicos para adornarlo, siguiendo la moda del siglo XIX y a principios del siglo XX.

Sus elevados muros dejan pasar poca luz. Esto provoca que los cítricos que lo adornan crezcan a lo alto, buscando el sol y entretejiendo con sus ramas un toldo vegetal que lo convierten en el patio más fresco del Palacio de Viana. No obstante y por este motivo, no hay una gran variedad floral.

La armonía del espacio y el ambiente en semisombra invitan a la introspección y al silencio, que solo rompen el piar de los pájaros y el sonido del agua de la fuente.

El nombre de este patio se debe a la existencia de una capilla anexa, que fue trasladada por la tercera marquesa de Viana, Sofía Amelia de Lancaster y Bleck, a lo que actualmente es la recepción del monumento y se reubicó en su lugar original en 2012.







El último patio es el Patio del Archivo.

El Patio del Archivo se construyó durante la remodelación barroca llevada a cabo por la undécima propietaria del Palacio de Viana, Ana Rafaela Fernández de Mesa y Argote (1737-1788), responsable también de la reforma del Patio de la Madama. Pero aunque la construcción es del siglo XVIII, ocupa un solar que era parte del núcleo original del palacio, del siglo XV.

Se trata del patio más interior de Viana y es un ejemplo del Barroco cordobés más sobrio. La discreta jardinería está pensada para no romper la armonía creada por las paredes blancas y el juego de puertas y ventanas azules. Por este motivo, y al contrario, que en otros patios, no hay plantas trepadoras que cubran los muros.

Dichas paredes son asimétricas y dos de ellas tienen las puertas ligeramente desplazadas para crear un eje visual que conecta este patio con el Patio de las Rejas, es decir, el corazón de la vivienda con el exterior, reflejando la apertura y el cambio de mentalidad de la época.

La fuente central de azulejos pone la nota de color a este recinto, pero sin estridencias ni alterar la función para la que fue construido: aportar al palacio de Viana, luz y tranquilidad.



Hay también otro Patio que, actualmente es la entrada al centro de la recepción de visitantes al Palacio de Viana. Se trata del Patio de la Cancela.

Su nombre proviene de la gran cancela de hierro que cierra el único muro abierto al exterior, que servía y sirve para contemplar el patio desde la calle y garantizar la seguridad.

El Patio de la Cancela fue el patio de acceso a la cara de los condes de Torres Cabrera, colindante al Palacio. Pero cuando fue anexionada al Palacio de Viana en el siglo XIX, tras ser permutada por una finca, perdió esta función. Un pilar de piedra que fue un antiguo abrevadero de caballos recuerda en la actualidad la historia de este espacio, que acogió la entrada de carruajes, las caballerizas y el granero.

A mediados del siglo XX, los últimos habitantes del palacio realizaron una profunda remodelación de los patios que habían pertenecido a la casa de los Torres Cabrera, y que incluyen los patos de la Alberca, del Pozo, de los Jardineros y de la Capilla, además del Patio de la Cancela. Estos espacios fueron adornados con objetos arqueológicos, azulejos, piezas decorativas y una fuente, una tendencia de moda entre la burguesía del siglo XIX.

Su origen y cambios han dado lugar a un patio diferente, con muros revestidos de ladrillo visto a los que asomen balcones de forja y marcos de madera azul Viana: un llamativo conjunto, reforzado por el suelo enchinado a dos colores y el muro revestido de rosal de pitimini.


FUENTE: PALACIO DE VIANA








Espero que os haya gustado este último reportaje. Podéis encontrar mis anteriores reportajes sobre Córdoba buscando la etiqueta "Córdoba" o "Provincia de Córdoba".

Nos vemos en el próximo blog.


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