martes, 27 de agosto de 2024

CARTELES DE FERIA DE CÓRDOBA

TIEMPO DE FERIA DE CÓRDOBA

Hola, de nuevo.

En el anterior reportaje hablé sobre el Festival de los Patios de Córdoba.

En este reportaje vamos a hacer un viaje en el tiempo sobre la feria de Córdoba, ubicado en los Jardines de la Victoria, situados entre dos grandes avenidas: el paseo de la Victoria y la avenida República Argentina. Recibe su nombre de Nuestra Señora de la Victoria, antiguo convento demolido en el siglo XIX.

Los jardines o campo de la Victoria tienen su origen en 1776 cuando el corregidor Francisco Carvajal y Mendoza concibe el proyecto de crear unos espaciosos jardines a las afueras del casco histórico, en línea con los alineamientos y proyectos urbanísticos que se estaban llevando en otras muchas ciudades españolas y por supuesto europeas. Para crear los jardines o alameda del campo de la Victoria, mandó allanar los montículos de terreno existentes junto al convento de Nuestra Señora de la Victoria.

Corregidores sucesivos fueron modificando los jardines de la Victoria, destacando la reforma llevada a cabo en 1854 por parte del alcalde Francisco de Paula Portocarrero, haciendo en el centro un espacioso salón, con asientos de piedra negra y respaldos de hierro.

En el año 1865 y con la necesidad por parte del Ayuntamiento de la ciudad de incrementar el espacio destinado a la Feria de Nuestra Señora de la Salud, el consistorio compró el convento de Nuestra Señora de la Victoria para su demolición.

Los jardines fueron adecentados con nuevas plantaciones, cuya parte norte está dedicada al escritor cordobés Duque de Rivas, y una pérgola de estilo neoclásico, obra del arquitecto Carlos Sáenz de Santamaría, terminada en 1929.



Dentro de los jardines cabe destacar dos instalaciones recientemente remodeladas, se trata de la antigua caseta del Círculo de la Amistad, hoy mercado Victoria, y del quiosco de la música, así como una pequeña fuente modernista de principios del siglo XX.






El Kiosco de la Música es un templete destinado a dar recitales musicales. Se encuentra situado en los jardines de la Victoria, habido sido recientemente remodelado. Las obras de remodelación acabaron en 2007.

En cuanto a la fuente modernista se trata de una fuente de estilo modernista ubicada en el centro de los jardines de la Victoria, a espaldas del Kiosco de la Música.

Fue construida en la primera década del siglo XX, en mármol gris, está formada por una taza circular guarnecida con incrustaciones rectangulares de mármol rosa. En el centro tiene un pedestal en forma de ánfora con guirnaldas, sostenida por dos figuras recostadas de atlantes. A los lados del ánfora, dos mascarones en relieve vierten a la taza el agua que mana de sus bocas.




Como la mayoría de las ferias tiene su origen en los tiempos de la conquista castellana. En 1284, el rey Sancho IV concedió el privilegio al Consejo de Córdoba para que pudiera celebrarse dos veces al año una Feria de Ganado, empezando una el día de Cincuesma y otra el primero de Cuaresma, debiendo durar quince días cada una. En el año 1422, la feria de Cincuesma comienza a celebrarse con carácter fijo en los primeros días de mayo. En el año 1492, los Reyes Católicos confirman la celebración de ambas ferias, el primer día de Cuaresma, y el primero de mayo. Es en el año 1556, cuando Felipe II confirma el privilegio real otorgado por el rey Sancho II.

Sin embargo, la actual feria debe su nombre a que en el año 1665, frente a la puerta de Sevilla, dos labradores encuentran la imagen de una pequeña virgen en un pozo, cuyas aguas decían que devolvían la salud a todos aquellos enfermos que la bebieran. Para conmemoración del hallazgo, se erige una pequeña ermita en las inmediaciones, y las peregrinaciones al lugar se transforma en feria a celebrarse en los primeros días de Pentecostés.

En el año 1790 la feria se reduce hasta las diez de la noche por orden real, tras algunos alborotos registrados por noctámbulos. Es en el año 1803, cuando la feria se traslada frente de la puerta de Gallegos, para acercarla a la plaza de toros sita en el Campo de la Merced. No será hasta 1820, cuando la Feria adquiere un emplazamiento definitivo en el Campo de la Victoria (Jardines de la Victoria).

En 1890, se aprueba el cambio al 25 de mayo por petición de la Hermandad de Labradores, pero es revocado al año siguiente, hasta que en el año 1905, se decide que será la fecha del 25 de mayo la que prevalezca, así hasta nuestros días.

En el año 1924, se produce la primera acometida de electricidad para ser utilizada en la feria y aparecen las primeras casetas particulares.

No sería hasta finales del siglo XX, cuando en el año 1994, la feria se trasladó al nuevo recinto ferial de El Arenal, abandonado para siempre el lugar donde se mantuvo casi dos siglos.

La tradición cartelera de la Feria de Córdoba tiene más de cien años. En un principio los carteles solo ostentaban en la parte superior el escudo de Córdoba y los principales actos a celebrar. Sin embargo, a finales del siglo XIX, el Ayuntamiento de la ciudad animó a artistas de la época a que presentaran bocetos para el concurso de creación de carteles. Entre otros, Rafael Romero de Torres o Julio Romero de Torres, se presentaron a los mismos. Concretamente, este último fue el último autor de los carteles de la feria de Córdoba de los años 1905, 1912, 1913 y 1916.






















¿Quiénes son estos hermanos Romero de Torres?

Rafael Romero de Torres (1865-1898, Córdoba) fue un pintor español. Hijo y hermano de pintores, murió prematuramente a los 33 años.

Hijo del pintor Rafael Romero Barros. Nació en Córdoba en 1865 y muere en la misma ciudad natal en 1898. Desde muy joven demostraría su talento en la pintura. A los ocho años de edad ingresa en la Escuela provincial de Bellas Artes gracias a su padre que advirtió el gran talento que el pequeño poseía.

Rafael creció en un ambiente cultural entre artistas, obras y el museo que dirigía su padre. Todo ello aunado en el recinto familiar el cual fue determinante para su desarrollo. Debido al talento que Rafael Romero de Torres desarrollaría con el paso de los años fue premiado con algunas becas, en primer lugar se le concedió en el año 1884, por parte de la Diputación de Córdoba, una beca para establecerse en Madrid en la Academia de San Fernando donde realizó estudios de escultura compaginado con la pintura. Colabora junto con sus hermanos Enrique y Julio en las ilustraciones de la revista La Gran Vía. La estancia en la capital se vio alargada debido al éxito de Rafael con la adquisición de algunos premios, pero no dejó de visitar Córdoba cada vez que pudo. Todo su esfuerzo y éxito se vería reflejado en la segunda beca en 1885, gracias a la pintura, que le fue concedida de nuevo por parte de la Diputación para establecerse en Roma durante un período de tres años, periodo que fue una etapa clave para su desarrollo. En Roma conoció a otros artistas españoles, como el escultor cordobés Mateo Inurria o el pintor burgalés Marcellano Santa María. Dicho pintor, en 1945, aún recordaba las tertulias con Rafael en el Café del Greco de Roma o la chocolatería.

Tras estos años en Italia vuelve a España donde alterna residencia entre Madrid y Córdoba. Ricardo de Montis, un conocido de la familia y amigo de Rafael, cuenta como era una persona de carácter alegre, con gracia y con soltura para socializar y con la guitarra, como cuando tocó junto con Gayarre, que le acompañaba con la voz dentro de la casa del pintor Madrazo. A su vuelta de Roma, cuenta de Montis, empezó a trabajar con gran ímpetu y se presentó a la Exposición Nacional del momento, la cual cambiaría su visión y le arrebataría la esperanza que el artista cordobés poseía.

Después de tal suceso, Rafael produciría obra para cubrir sus necesidades únicamente, ya que sus ganas por crecer como artista habían mermado y cada vez se encontraba con sus ilusiones más muertas. Fue en ese momento cuando contrajo una enfermedad que le costó la vida. Su cuerpo se encuentra en el cementerio de San Rafael de su ciudad natal.












Su hermano, Julio Romero de Torres (1874-1930, Córdoba) fue un pintor simbolista español. Nacido en una familia de artistas, de joven realiza una pintura regionalista, heredera de la mejor tradición española, para adherirse progresivamente a la estética de la generación del 98 y del modernismo, triunfante en España. Hacia 1908, su estética desemboca un estilo personal que conjuga sentimiento popular y un genuino folclore, en una línea andalucísima plagada de refinamiento y embrujo. En sus inicios, junto a Solana, Arteta y Ricardo Baroja, intenta reflejar en sus cuadros una España dramática y rural, frente a Sorolla, Sotomayor o Moreno Carbonero, de visión más acomodaticia.

Romero de Torres sobresale por un dibujo preciso en composiciones equilibradas de colores azulados, verdosos y, sobre todo, negros. También fue conocido por su temática flamenca y taurina, con cierto tributo a la copla popular. Tres etapas podemos apreciar en la obra de este pintor modernista. Una inicial, que acabaría en 1908. Una central que terminaría en 1916. Y una final, que acabaría con su muerte en 1930. Su obra mejor cotizada ha sido el cuadro Fuensanta, subastada en 2007 por 1,17 millones de euros debido a que fue la imagen del billete de 100 pesetas.

Séptimo hijo de Rafael Romero Barros, pintor costumbrista y conservador del Museo de Bellas Artes de Córdoba, Julio Romero de Torres nació en Córdoba el 9 de noviembre de 1874, en un hogar volcado a las artes. Su padre había nacido en Moguer (Huelva) y en 1862 llegó a la ciudad de Córdoba como conservador del Museo de pinturas. Se instaló en una vivienda aneja al museo, en la plaza de Potro, junto a su esposa, la sevillana Rosario de Torres Delgado. En ese ambiente crecieron los ocho hijos del matrimonio, rodeados de obras de arte y de los escolares de la Escuela de arte y Conservatorio de Música, también instalados en el mismo recinto. Allí se creó Julio, junto a sus hermanos los pintores Enrique Romero de Torres, dos años mayor, y Rafael Romero de Torres, el primogénito, nacido en 1865, pero fallecido prematuramente en 1898, a la edad de treinta y tres años.

El artista murió en su casa natal de Córdoba, a causa de una enfermedad hepática, en la madrugada del sábado 10 de mayo de 1930. La gente acudió en masa al Museo de Bellas Artes de la plaza del Potro, para dar testimonio de su dolor ante el cadáver, depositado en el salón del Museo Provincial, antigua capilla del hospital de la Caridad. El Ayuntamiento acordó sufragar los gastos de los funerales, asistir en Pleno al entierro y ceder terrenos a perpetuidad en el cementerio de San Rafael para recoger los restos mortales del pintor. La Diputación también asistió en Pleno, portando las cintas del féretro. El ministro de Gracia y Justicia, José Estrada y Estrada, acudió al sepelio en representación del rey Alfonso XIII. El padre Tortosa pronunció la oración fúnebre y un larguísimo cortejo, en el que también figuraban sus famosos modelos, lo condujo hasta el cementerio, a las afueras de la ciudad. Previamente al acto, su cadáver fue llevado a la plaza de Capuchinos, donde sonó la Reverie de Schumann. Está enterrado en el cementerio de San Rafael de su ciudad natal, junto a su hermano Rafael.












Espero que os haya gustado este reportaje. Nos vemos en el próximo blog.













viernes, 16 de agosto de 2024

PATIOS CORDOBESES

FESTIVAL DE LOS PATIOS DE CÓRDOBA

Hola a todos. ¿Qué tal? ¿Cómo estáis? 

En este reportaje voy a complementar otro anexo sobre Córdoba. En mis anteriores entradas hablé sobre el Real Alcázar de los Reyes Cristianos y el barrio de la Judería.

Pues bien, en este reportaje hablaré sobre una tradición que hacen en Córdoba: los patios cordobeses.

El Festival de los Patios Cordobeses es un concurso de patios de Córdoba celebrado desde 1921 y que se realiza, generalmente, durante la primera y segunda semana del mes de mayo. Los participantes decoran y abren sus patios al público gratuitamente para que puedan ser visitantes dentro del horario establecido para tal fin. En 1980 fueron declarados como Fiesta de Interés Nacional, y tras una larga tramitación, consiguieron inscribieron como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO el 6 de diciembre de 2012.

Los patios durante el Festival se establecen en tres categorías: "Arquitectura Antigua", "Arquitectura Moderna" y "Patios Singulares". El número de patios participantes ha ido en aumento con el tiempo, en 2022 se estableció por primera vez un máximo de 55 patios. El Festival alcanzó el mayor número de visitantes en 2018, con más de un millón de personas, convirtiendo mayo en el mes más turístico de Córdoba. Además, el festival se completa con un programa educativo organizado por el Ayuntamiento de Córdoba cuyo objetivo es dar a conocer a los estudiantes la arquitectura y el patrimonio, así como promover el respeto por el mismo. En los últimos años, los patios en concurso se señalan con macetas de setos que se colocan flanqueado las puertas, de modo que puedan ser identificados de manera clara.

Los patios cordobeses constituyen uno de los más entrañables atractivos de la ciudad, pero, además, la tradición de los patios es única en el mundo porque se basa en las características de la forma de vida cordobesa. Se trata de patios unas veces señoriales y otras populares, pero siempre originales, limpios, rezumando frescor y llenos de plantas y flores.







El origen del patio cordobés se remonta a la época romana, cuyas gentes organizaban sus casas en torno a un espacio abierto que servía de ágora, y con los árabes que. si bien ya disponen de patios en sus palacios y ciudades, siguieron el modelo de la casa romana añadiéndole los arriates con flores y el elemento del agua a través del pozo o la fuente. El patio cordobés fue ágora para el romano y casinillo para el árabe.

Los patios comunican directamente con las estancias y galerías de las casas, ya sea a través de ventanas y balcones, o también por soportales. En ocasiones sus paredes aparecen literalmente invadidas de flores de todas las clases, que por todas las clases, que por todas partes perfuman el ámbito del patio, lo prestan un polícromo aire de fiesta perpetua y crean el milagro del sosiego bajo la sombra vegetal en plena ciudad. En la Judería, se trata de casas de fachadas estrechas e interiores profundos. El zaguán en la entrada y la ausencia de muchas ventanas, resguardando así la intimidad del interior, son características propias de la cultura árabe. Las puertas y ventanas enrejadas, de magnífico hierro forjado, permiten entrever desde afuera la umbría bajo la cual se remansa el florido mundo del patio cordobés.

Además de la exuberancia vegetal, son protagonista y primoroso ornamento en los patios cordobeses las rumorosas fuentes, poéticos surtidores, bellas piezas de cerámica, artístico herrajes, graciosos porches, elegantes azulejos y la blanca ubicuidad de la cal, que parece hacer de poder moderador, unificando colores y remansando ángulos.

El patio cordobés está presente en las grandes mansiones como también en las casas más modestas, y su fundamento - salvando, naturalmente, las distancias arquitectónicas, de espacio o de suntuosidad - es el mismo en el palacio que en la vivienda humilde. El patio de la casa más modesta es, en Córdoba, millonario de flores y en su recinto tienen lugar la sombra, el agua y la cal jerarquizando el ambiente y soslayando, de manera insensible pero pujante todo riesgo de chabacanería. Los patios populares se convierten en pequeños y encantadores jardines que, situados en el centro de la casa, la inundan de alegría y belleza en libertad.







En la calle San Basilio nº 44 tiene su sede la Asociación de Amigos de los Patios Cordobeses. Su patio es un buen ejemplo de patio vecinal con encalado en donde abundan, sobre todo, las macetas. Esta asociación lleva a término una labor de recuperación de casas viejas, a las que remoza y acondiciona sus patios.

En cuanto a los patios de tipo señorial, son muchos y de variado perfil los que se pueden admirar en Córdoba. Como los populares, todos tienen su interés y una acusada personalidad. Pero tal vez no resulte injusto destacar los del Palacio de los Marqueses de Viana, que posee hasta doce patios además de jardines, pues no en vano esta casa señorial es conocida también como Museo de los Patios. El patio de entrada es del siglo XVII y está bellamente adornado, al igual que los restantes, en los que abundan los naranjos, los cipreses, los surtidores, las flores... El conjunto del recinto resulta realmente paradisiaco. Otros bellos exponentes de patios señoriales son el del Palacio Episcopal o los del Real Círculo de la Amistad.

El mejor periodo para disfrutar del esplendor de estos patios es durante el Festival de los Patios Cordobeses, que se celebra en las fiestas de mayo y que en 2012 fue declarado Patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad. Se trata de una ocasión única, pues los vecinos abren las puertas de sus casas y permiten el acceso a los patios. El Concurso de Patios tiene lugar durante el segundo y a veces también el tercer fin de semana de mayo, en el cual los distintos patios compiten para obtener el primer premio. Anualmente son alrededor de cuarenta patios los que abren sus puertas al público para mostrar toda su belleza. Visitarlos durante el día y participar de los distintos actos que conjuntamente suelen celebrar al caer la tarde, como música flamenca, es una experiencia única.

El primer Festival de Patios Cordobeses fue convocado por el alcalde de Córdoba, D. Francisco Fernández de Mesa en 1921 como Concurso de Patios, Balcones y Escaparates. Se establecieron tres premios de 100, 75 y 50 pesetas que fueron repartidos entre los tres únicos participantes: Empedrada, 8, en el barrio de Santa Marina, Buen Pastor, 7, y Almanzor, 11, ambos en la Judería de Córdoba. Debido a la escasa respuesta vecinal, el concurso no volvió a celebrarse, sino que entre 1925 y 1929 se celebró el concurso de cruces de mayo en el interior de numerosos patios, sin valorar los patios como tal. En 1933, durante la Segunda República y la alcaldía de Francisco de la Cruz Ceballos, el concurso de patios renació, comenzaron a popularizarse, presentándose 16 patios repartidos por la ciudad, con premios cuantiosos para la época.










Durante la Guerra civil española (1936-1939) el concurso fue cancelado, regresando una vez concluida la contienda en 1939 como un acto más de la feria cordobesa: por lo que se vuelve en el año 1943 a comentar por la prensa local la necesidad de volver al tradicional Concurso de Patios. Para ello se hace una enumeración de algunos que en aquella época estaban adornados y eran visitados sin que hubiera apoyo y concurso por parte del Ayuntamiento. Eran los siguientes: calle Leiva Aguilar, 10, calle Buen Pastor, calle de los Ángeles, Casa de las Bulas esquina a calle Judíos. Fue en el año 1944, durante el mandato de Antonio Luna Fernández, la primera constatación de posguerra en la cual se convoca concurso, cuando también se establecen los primeros criterios de valoración como la arquitectura, la decoración y sus características. Los dos años siguientes se celebra el Festival, aunque no se datan los premios, por lo que va a ser en 1947 cuando se consolide el concurso.

Durante la alcaldía de Antonio Cruz-Conde, el Festival de los Patios va a evolucionar notablemente, aumentando la cuantía del primer premio desde las 3.000 hasta las 8.000 pesetas en 1962, último año de su gobierno. Además, se conceden ayudas a patios que no han obtenido ningún premio para compensar el esfuerzo y el gasto. Con el objetivo de impulsar el concurso, se celebran conciertos de música clásica y certámenes de belleza. Con la llegada de la democracia y la alcaldía de Julio Anguita, se estableció que los patios deben adornarse con flores del tiempo, se prohíbe la venta de bebida en su interior y no se valora la actuación de artistas flamencos. En 1980 fueron declarados como Fiesta de Interés Turístico Nacional y en 1988 entran en juego más criterios como la variedad floral, el cuidado de macetas y arriates y la iluminación natural. Una década después se dividirán los premios en dos categorías: arquitectura antigua (desde el siglo XVI hasta 1960) y arquitectura moderna (desde 1960).

En esta época surgieron asimismo dos iniciativas para impulsar este certamen: "el Festival de los Patios Cordobeses" y la "Reina de los Patios". El primero, celebrado actualmente, fue concebido en 1956 como una programación paralela a la fiesta de música clásica y flamenca en los patios de antiguos monumentos y en los jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos. Por su parte, la Reina de los patios fue un concurso de belleza instaurado en 1962 que se mantendría hasta 1983.

El 6 de diciembre de 2012, el Festival de los Patios fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en una sesión celebrada en París. Durante los últimos años y debido a dicha declaración, el número de visitantes no ha parado de crecer, llegando en las últimas ediciones a superar el millón de turistas durante las dos semanas que dura el Festival. En 2020 fue la primera vez que el Festival se celebró en octubre debido a la actuación sanitaria provocada por la pandemia del COVID-19, se obligó a su suspensión en el mes de mayo, aunque se celebró su apertura, sin concurso, en octubre de ese mismo año. En 2022 el número de participantes fue aumentado a 55 patios, además de añadirse una nueva categoría: "Patios singulares", entidades, asociaciones o congregaciones religiosas sin ánimo de lucro ubicadas dentro del casco histórico.

En 2023 la nueva categoría de "Patios singulares" se renombró "Arquitectura singular" con la misma denominación: entidades, asociaciones o congregaciones religiosas sin ánimo de lucro. Asimismo, se premia al "Patio Joven", perteneciente a menores de 35 años y cuyo premio son 800 euros.










También se hicieron esculturas en homenaje a los cuidadores y cuidadoras de los patios cordobeses.

La primera de ellas es la Regadora, ubicada en la Plaza Puerta del Rincón.




Esta escultura fue la primera obra de la trilogía dedicada a los Patios de Córdoba, a pie de torre, no te pasará desapercibida. "La Regadora", la escultura más fotografiada y con mayor presencia en las redes sociales de Córdoba, se inauguró a finales de abril de 2014, justo para dar la bienvenida al mayo festivo y desde entonces es todo un exitoso reclamo entre turistas y paseantes.

La protagonista representa al presente de nuestros patios. Una gran mujer en bronce, de 1,90 metros, que con su cubo de agua cerca, riega sus macetas con una caña y una lata como es tradición. Concentrada en la tarea pero desenvuelta y con elegante naturalidad, en ese fondo encalado y macetas de azul intenso tan propio, hace fácil un trabajo que requiere técnica, echarle talento, paciencia y mucho cariño.

Ataviada con una vestimenta atemporal, con una moña de jazmines en el moño, en las zapatillas y zarcillos se plasma un homenaje a la marroquinería y joyería cordobesa respectivamente. Una escena cotidiana que muchos cordobeses tienen en su retina y en sus recuerdos.


La segunda escultura es Abuelo y niño, ubicado en la plaza Manuel Garrido Moreno.




Esta ha sido la segunda obra dedicada a los Patios de Córdoba. Representa el pasado y el futuro de una tradición centenaria. El abuelo que, curtido por la edad, la experiencia y el esfuerzo, introdujo a su hija en la atención al patio, y el niño (su nieto) que representa a las futuras generaciones que toman el relevo transmitido de generación en generación, una arraigada manifestación cultural cargada de valores positivos que permanecen en el tiempo.

Es un grupo escultórico formado por dos esculturas en bronce a un tamaño igual al natural. El niño desde la escalera de madera, extiende su mano para coger y colgar la maceta en la alcayata de la pared, recogiendo así el testigo y la responsabilidad de mantener nuestros patios de manos de su abuelo. Ambos vestidos con ropajes cómodos y frescos propios para soportar las tórridas tardes del verano.


La tercera y última escultura es el Pozo de las Flores, ubicada en la Plaza poeta Juan Bernier.




Es el tercer grupo escultórico dedicado a los Patios de Córdoba y sus cuidadoras.

Las protagonistas están realizadas en bronce a tamaño igual al natural. La abuela con vestido, delantal y alpargatas, que aparece sentada en una silla, está sosteniendo una maceta de geranios con su regazo, realizando el trabajo de trasplantes de esquejes y limpieza de las hojas marchitas. La niña, con un vestido rosa, sujeta una flor en su pecho, mira y depende de su abuela en cómo cuidar el pelo, ambas conectadas en un juego cómplice de miradas.

El artista ha reconocido que es la que más sentido tiene para él y que la tenía claramente visualizada desde el principio, volcando en ella sus recuerdos infantiles.

El pozo, la pérgola de fondo... entre otros elementos, enriquecen la composición donde no falta una silla vacía de anea sujetada por la niña a disposición de cualquier visitante como perfecto photocall, para que se siente todo aquel que quiera y así formar parte de este grupo escultórico.




Espero que os haya gustado este reportaje. Nos vemos en el próximo blog.