FESTIVAL DE LOS PATIOS DE CÓRDOBA
Hola a todos. ¿Qué tal? ¿Cómo estáis?
En este reportaje voy a complementar otro anexo sobre Córdoba. En mis anteriores entradas hablé sobre el Real Alcázar de los Reyes Cristianos y el barrio de la Judería.
Pues bien, en este reportaje hablaré sobre una tradición que hacen en Córdoba: los patios cordobeses.
El Festival de los Patios Cordobeses es un concurso de patios de Córdoba celebrado desde 1921 y que se realiza, generalmente, durante la primera y segunda semana del mes de mayo. Los participantes decoran y abren sus patios al público gratuitamente para que puedan ser visitantes dentro del horario establecido para tal fin. En 1980 fueron declarados como Fiesta de Interés Nacional, y tras una larga tramitación, consiguieron inscribieron como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO el 6 de diciembre de 2012.
Los patios durante el Festival se establecen en tres categorías: "Arquitectura Antigua", "Arquitectura Moderna" y "Patios Singulares". El número de patios participantes ha ido en aumento con el tiempo, en 2022 se estableció por primera vez un máximo de 55 patios. El Festival alcanzó el mayor número de visitantes en 2018, con más de un millón de personas, convirtiendo mayo en el mes más turístico de Córdoba. Además, el festival se completa con un programa educativo organizado por el Ayuntamiento de Córdoba cuyo objetivo es dar a conocer a los estudiantes la arquitectura y el patrimonio, así como promover el respeto por el mismo. En los últimos años, los patios en concurso se señalan con macetas de setos que se colocan flanqueado las puertas, de modo que puedan ser identificados de manera clara.
Los patios cordobeses constituyen uno de los más entrañables atractivos de la ciudad, pero, además, la tradición de los patios es única en el mundo porque se basa en las características de la forma de vida cordobesa. Se trata de patios unas veces señoriales y otras populares, pero siempre originales, limpios, rezumando frescor y llenos de plantas y flores.
El origen del patio cordobés se remonta a la época romana, cuyas gentes organizaban sus casas en torno a un espacio abierto que servía de ágora, y con los árabes que. si bien ya disponen de patios en sus palacios y ciudades, siguieron el modelo de la casa romana añadiéndole los arriates con flores y el elemento del agua a través del pozo o la fuente. El patio cordobés fue ágora para el romano y casinillo para el árabe.
Los patios comunican directamente con las estancias y galerías de las casas, ya sea a través de ventanas y balcones, o también por soportales. En ocasiones sus paredes aparecen literalmente invadidas de flores de todas las clases, que por todas las clases, que por todas partes perfuman el ámbito del patio, lo prestan un polícromo aire de fiesta perpetua y crean el milagro del sosiego bajo la sombra vegetal en plena ciudad. En la Judería, se trata de casas de fachadas estrechas e interiores profundos. El zaguán en la entrada y la ausencia de muchas ventanas, resguardando así la intimidad del interior, son características propias de la cultura árabe. Las puertas y ventanas enrejadas, de magnífico hierro forjado, permiten entrever desde afuera la umbría bajo la cual se remansa el florido mundo del patio cordobés.
Además de la exuberancia vegetal, son protagonista y primoroso ornamento en los patios cordobeses las rumorosas fuentes, poéticos surtidores, bellas piezas de cerámica, artístico herrajes, graciosos porches, elegantes azulejos y la blanca ubicuidad de la cal, que parece hacer de poder moderador, unificando colores y remansando ángulos.
El patio cordobés está presente en las grandes mansiones como también en las casas más modestas, y su fundamento - salvando, naturalmente, las distancias arquitectónicas, de espacio o de suntuosidad - es el mismo en el palacio que en la vivienda humilde. El patio de la casa más modesta es, en Córdoba, millonario de flores y en su recinto tienen lugar la sombra, el agua y la cal jerarquizando el ambiente y soslayando, de manera insensible pero pujante todo riesgo de chabacanería. Los patios populares se convierten en pequeños y encantadores jardines que, situados en el centro de la casa, la inundan de alegría y belleza en libertad.
En la calle San Basilio nº 44 tiene su sede la Asociación de Amigos de los Patios Cordobeses. Su patio es un buen ejemplo de patio vecinal con encalado en donde abundan, sobre todo, las macetas. Esta asociación lleva a término una labor de recuperación de casas viejas, a las que remoza y acondiciona sus patios.
En cuanto a los patios de tipo señorial, son muchos y de variado perfil los que se pueden admirar en Córdoba. Como los populares, todos tienen su interés y una acusada personalidad. Pero tal vez no resulte injusto destacar los del Palacio de los Marqueses de Viana, que posee hasta doce patios además de jardines, pues no en vano esta casa señorial es conocida también como Museo de los Patios. El patio de entrada es del siglo XVII y está bellamente adornado, al igual que los restantes, en los que abundan los naranjos, los cipreses, los surtidores, las flores... El conjunto del recinto resulta realmente paradisiaco. Otros bellos exponentes de patios señoriales son el del Palacio Episcopal o los del Real Círculo de la Amistad.
El mejor periodo para disfrutar del esplendor de estos patios es durante el Festival de los Patios Cordobeses, que se celebra en las fiestas de mayo y que en 2012 fue declarado Patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad. Se trata de una ocasión única, pues los vecinos abren las puertas de sus casas y permiten el acceso a los patios. El Concurso de Patios tiene lugar durante el segundo y a veces también el tercer fin de semana de mayo, en el cual los distintos patios compiten para obtener el primer premio. Anualmente son alrededor de cuarenta patios los que abren sus puertas al público para mostrar toda su belleza. Visitarlos durante el día y participar de los distintos actos que conjuntamente suelen celebrar al caer la tarde, como música flamenca, es una experiencia única.
El primer Festival de Patios Cordobeses fue convocado por el alcalde de Córdoba, D. Francisco Fernández de Mesa en 1921 como Concurso de Patios, Balcones y Escaparates. Se establecieron tres premios de 100, 75 y 50 pesetas que fueron repartidos entre los tres únicos participantes: Empedrada, 8, en el barrio de Santa Marina, Buen Pastor, 7, y Almanzor, 11, ambos en la Judería de Córdoba. Debido a la escasa respuesta vecinal, el concurso no volvió a celebrarse, sino que entre 1925 y 1929 se celebró el concurso de cruces de mayo en el interior de numerosos patios, sin valorar los patios como tal. En 1933, durante la Segunda República y la alcaldía de Francisco de la Cruz Ceballos, el concurso de patios renació, comenzaron a popularizarse, presentándose 16 patios repartidos por la ciudad, con premios cuantiosos para la época.
Durante la Guerra civil española (1936-1939) el concurso fue cancelado, regresando una vez concluida la contienda en 1939 como un acto más de la feria cordobesa: por lo que se vuelve en el año 1943 a comentar por la prensa local la necesidad de volver al tradicional Concurso de Patios. Para ello se hace una enumeración de algunos que en aquella época estaban adornados y eran visitados sin que hubiera apoyo y concurso por parte del Ayuntamiento. Eran los siguientes: calle Leiva Aguilar, 10, calle Buen Pastor, calle de los Ángeles, Casa de las Bulas esquina a calle Judíos. Fue en el año 1944, durante el mandato de Antonio Luna Fernández, la primera constatación de posguerra en la cual se convoca concurso, cuando también se establecen los primeros criterios de valoración como la arquitectura, la decoración y sus características. Los dos años siguientes se celebra el Festival, aunque no se datan los premios, por lo que va a ser en 1947 cuando se consolide el concurso.
Durante la alcaldía de Antonio Cruz-Conde, el Festival de los Patios va a evolucionar notablemente, aumentando la cuantía del primer premio desde las 3.000 hasta las 8.000 pesetas en 1962, último año de su gobierno. Además, se conceden ayudas a patios que no han obtenido ningún premio para compensar el esfuerzo y el gasto. Con el objetivo de impulsar el concurso, se celebran conciertos de música clásica y certámenes de belleza. Con la llegada de la democracia y la alcaldía de Julio Anguita, se estableció que los patios deben adornarse con flores del tiempo, se prohíbe la venta de bebida en su interior y no se valora la actuación de artistas flamencos. En 1980 fueron declarados como Fiesta de Interés Turístico Nacional y en 1988 entran en juego más criterios como la variedad floral, el cuidado de macetas y arriates y la iluminación natural. Una década después se dividirán los premios en dos categorías: arquitectura antigua (desde el siglo XVI hasta 1960) y arquitectura moderna (desde 1960).
En esta época surgieron asimismo dos iniciativas para impulsar este certamen: "el Festival de los Patios Cordobeses" y la "Reina de los Patios". El primero, celebrado actualmente, fue concebido en 1956 como una programación paralela a la fiesta de música clásica y flamenca en los patios de antiguos monumentos y en los jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos. Por su parte, la Reina de los patios fue un concurso de belleza instaurado en 1962 que se mantendría hasta 1983.
El 6 de diciembre de 2012, el Festival de los Patios fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en una sesión celebrada en París. Durante los últimos años y debido a dicha declaración, el número de visitantes no ha parado de crecer, llegando en las últimas ediciones a superar el millón de turistas durante las dos semanas que dura el Festival. En 2020 fue la primera vez que el Festival se celebró en octubre debido a la actuación sanitaria provocada por la pandemia del COVID-19, se obligó a su suspensión en el mes de mayo, aunque se celebró su apertura, sin concurso, en octubre de ese mismo año. En 2022 el número de participantes fue aumentado a 55 patios, además de añadirse una nueva categoría: "Patios singulares", entidades, asociaciones o congregaciones religiosas sin ánimo de lucro ubicadas dentro del casco histórico.
En 2023 la nueva categoría de "Patios singulares" se renombró "Arquitectura singular" con la misma denominación: entidades, asociaciones o congregaciones religiosas sin ánimo de lucro. Asimismo, se premia al "Patio Joven", perteneciente a menores de 35 años y cuyo premio son 800 euros.
También se hicieron esculturas en homenaje a los cuidadores y cuidadoras de los patios cordobeses.
La primera de ellas es la Regadora, ubicada en la Plaza Puerta del Rincón.
Esta escultura fue la primera obra de la trilogía dedicada a los Patios de Córdoba, a pie de torre, no te pasará desapercibida. "La Regadora", la escultura más fotografiada y con mayor presencia en las redes sociales de Córdoba, se inauguró a finales de abril de 2014, justo para dar la bienvenida al mayo festivo y desde entonces es todo un exitoso reclamo entre turistas y paseantes.
La protagonista representa al presente de nuestros patios. Una gran mujer en bronce, de 1,90 metros, que con su cubo de agua cerca, riega sus macetas con una caña y una lata como es tradición. Concentrada en la tarea pero desenvuelta y con elegante naturalidad, en ese fondo encalado y macetas de azul intenso tan propio, hace fácil un trabajo que requiere técnica, echarle talento, paciencia y mucho cariño.
Ataviada con una vestimenta atemporal, con una moña de jazmines en el moño, en las zapatillas y zarcillos se plasma un homenaje a la marroquinería y joyería cordobesa respectivamente. Una escena cotidiana que muchos cordobeses tienen en su retina y en sus recuerdos.
La segunda escultura es Abuelo y niño, ubicado en la plaza Manuel Garrido Moreno.
Esta ha sido la segunda obra dedicada a los Patios de Córdoba. Representa el pasado y el futuro de una tradición centenaria. El abuelo que, curtido por la edad, la experiencia y el esfuerzo, introdujo a su hija en la atención al patio, y el niño (su nieto) que representa a las futuras generaciones que toman el relevo transmitido de generación en generación, una arraigada manifestación cultural cargada de valores positivos que permanecen en el tiempo.
Es un grupo escultórico formado por dos esculturas en bronce a un tamaño igual al natural. El niño desde la escalera de madera, extiende su mano para coger y colgar la maceta en la alcayata de la pared, recogiendo así el testigo y la responsabilidad de mantener nuestros patios de manos de su abuelo. Ambos vestidos con ropajes cómodos y frescos propios para soportar las tórridas tardes del verano.
La tercera y última escultura es el Pozo de las Flores, ubicada en la Plaza poeta Juan Bernier.
Es el tercer grupo escultórico dedicado a los Patios de Córdoba y sus cuidadoras.
Las protagonistas están realizadas en bronce a tamaño igual al natural. La abuela con vestido, delantal y alpargatas, que aparece sentada en una silla, está sosteniendo una maceta de geranios con su regazo, realizando el trabajo de trasplantes de esquejes y limpieza de las hojas marchitas. La niña, con un vestido rosa, sujeta una flor en su pecho, mira y depende de su abuela en cómo cuidar el pelo, ambas conectadas en un juego cómplice de miradas.
El artista ha reconocido que es la que más sentido tiene para él y que la tenía claramente visualizada desde el principio, volcando en ella sus recuerdos infantiles.
El pozo, la pérgola de fondo... entre otros elementos, enriquecen la composición donde no falta una silla vacía de anea sujetada por la niña a disposición de cualquier visitante como perfecto photocall, para que se siente todo aquel que quiera y así formar parte de este grupo escultórico.
Espero que os haya gustado este reportaje. Nos vemos en el próximo blog.
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